Este breve artículo ha sido preparado para presentarse en el contexto de Termas de Carhué
Dentro del municipio de Adolfo Alsina, se encuentra Villa Epecuén, un pequeño pueblo del que sólo quedaron ruinas. Con menos de 1500 habitantes, se dice que entre 1950 y 1970 cada temporada recibía más de 25 mil turistas que se acercaban a disfrutar de su mayor atractivo: sus aguas termales sanadoras. Pero fueron esas mismas aguas las que terminaron con Villa Epecuén. El 10 de noviembre de 1985 una fuerte sudestada azotó el pueblo. Como resultado, el lago que le dio nombre lo tapó por completo y obligó a sus residentes a abandonar todo lo que tenían.
En un principio, sólo era elegido por habitantes de la región, pero la llegada del ferrocarril en 1899 lo cambió todo. Desde ese año, los visitantes fueron cada vez más numerosos, y la confirmación de los minerales que contenía, capaces de aliviar los dolores provocados por la artrosis, la artritis, las enfermedades reumáticas y las afecciones de la piel, incrementó aún más el interés e, incluso, impulsó la radicación definitiva de muchos de ellos en Villa Epecuén. Además de visitarlo en vacaciones, el pueblo ahora era elegido por la aristocracia para vivir.
Junto con Mar del Plata, por aquel entonces era el destino argentino más elegido por los turistas. Familias aristocráticas de todo el país viajaban a este pequeño distrito bonaerense para vacacionar. El lugar estaba de moda. El agua termal del Lago Epecuén era mencionada como “agua milagrosa” por quienes la conocían. En su época de esplendor, disponía de unas 6 mil plazas hoteleras y más de 300 locales comerciales. Se calcula que unas 25 mil personas visitaban Villa Epecuén cada año.
Pero nadie pensó en contener el lago para soportar los embates de la naturaleza.
El 10 de noviembre de 1985 una sudestada azotó Villa Epecuén y la tapó hasta dejarlo en ruinas. El lago creció hasta sobrepasar el muro de contención de 5 metros de altura y alcanzó al pueblo. Los 1500 habitantes de Villa Epecuén debieron abandonar sus hogares, sus negocios, sus pertenencias, su historia, sus recuerdos. El lago que atraía a las familias más adineradas y al que apostaban para un futuro turístico, había acabado con todo.
Cuando el agua empezó a bajar, 20 años después, de aquel pueblo sólo quedaban ruinas.