¿Cuándo un agua es termal?

Varias veces habremos escuchado alguien, volviendo de un lugar termal, diciendo “esas no son termas”!

En este breve articulo, buscamos dilucidar cuanto un agua es termal, cuando no lo es.

Pero primeramente, para saber si un agua es termal o no, veamos cómo se forman las aguas termales.

Agradecemos al Dr. en Geologia Raul Seggiaro la información aportada para la redacción de este articulo

Cómo se forma el agua termal

Las aguas termales son aguas provenientes del interior de la corteza terrestre que llegan a la superficie con temperaturas que superan en más de 10 grados la temperatura ambiente.

El agua termal se genera por la infiltración de aguas superficiales a través de capas permeables y /o fracturas: estas aguas llegan entonces a profundidades dónde la corteza o las rocas tienen temperaturas elevadas, transmitiendoles así calor en su camino de regreso a la superficie terrestre.

Esas aguas superficiales que se infiltran, por lo general son aguas de lluvia. Y la infiltración se produce por la permeabilidad de la roca, formando lo que se llama un acuífero. También pueden infiltrarse por fracturas en el suelo.  Luego, por el principio de vasos comunicantes, las aguas emergen nuevamente a la superficie.

El calor de las rocas en el interior de la corteza terrestre se produce en general por el gradiente natural de la corteza: se calcula un aumento de 33 °C cada 1000 mts de profundidad en zonas no volcánicas. Pero en las zonas volcánicas, como algunas zonas de la Cordillera de los Andes, el calentamiento del agua se produce por la presencia de cuerpos magmáticos poco profundos.

Aunque la mayoría de las aguas termales contienen elementos minerales y químicos, lo que hace que las aguas sean termales (¡como su nombre lo indica!) es la temperatura con la cual llegan a la superficie, no los minerales que contienen.

Lo que pasa es que normalmente las aguas termales llevan minerales disueltos… pero su presencia no es la condición, la condición es la temperatura. De hecho, muchas de las aguas potables que consumimos surgen de perforaciones y no son termales

El proceso o ciclo de infiltración/calentamiento/surgencia de las aguas a veces dura cientos de años. Y en su paso por la corteza terrestre, estas aguas se van enriqueciendo con los minerales del suelo o de las rocas por las cuales transitan hasta volver a la superficie.

En algunas áreas donde el agua termal no surge naturalmente a la superficie, es necesario hacer una perforación para lograr acceder a esa agua termal: es el caso de la mayoría de las termas de Entre Ríos.

Diferencias entre las aguas termales surgentes de las aguas termales de perforación

La perforación es una forma de lograr que el agua termal tenga una vía para llegar a la superficie. Eso puede ocurrir tanto en un ambiente volcánico como en un ambiente no volcánico, como es el caso de las termas Entre Ríos, o en zonas de la Cordillera dónde no hay actividad volcánica.

Y tampoco hay que pensar, a diferencia de lo que se cree, que las aguas surgidas de una perforación tienen menos minerales que las aguas surgentes. Lo que sucede es que en las zonas volcánicas hay más minerales porque en las raíces de los volcanes, la roca volcánica tiene un alto contenido de minerales que se disuelven en el agua y forman sales, como azufre, calcio, sodio, potasio, fosforo. Mientras que, en zonas no volcánicas, donde las rocas son sedimentarias, tienen menos minerales, tienen más bien cuarzo, arenillas, y otros minerales en menor cantidad.

El agua, al pasar por esas rocas, va disolviendo esos minerales y los va incorporando, formando sales (sulfatos de hierro, cloruro de potasio, etc.). Es decir, el agua termal lleva esos minerales disueltos bajo forma de sales. Y tiene esa posibilidad porque el agua caliente tiene mucha más capacidad de disolución que el agua fría.

En otras palabras, el hecho de que, en zonas volcánicas, el agua que circula es de mucho mayor temperatura y que las rocas tienen mucha más diversidad de sales minerales explica por qué estas termas suelen tener mayor calidad mineromedicinal con respecto a aquellas que se encuentran en zonas no volcánicas.

Además de las termas que conocemos, hay otros lugares dónde hay “manifestaciones termales” (afloramientos termales), pero que no logran convertirse en termas, porque o no tienen la temperatura o no tienen el caudal suficiente.

El caudal de agua de una terma depende de varios factores, de la cantidad de agua que se haya infiltrado, pero también de la capacidad de transporte que tenga la roca. El caudal puede aumentar cuando la zona de aporte al reservorio es mayor.

Uno podría pensar que alguna vez el agua termal en un determinado sitio podría terminarse.  Por ejemplo, sabiendo que hay periodos largos de sequía durante los cuales no se produce infiltración. Pero como el agua que se infiltra tarda miles y miles de años en surgir, estos periodos de sequía no parecen ser tan relevantes.

Lo que si puede influir es la sobre explotación del agua termal: si muchos pozos son perforados en un mismo reservorio, y no se regula el uso de esa agua termal, como en cualquier acuífero, si lo que se extrae es mayor a lo que se infiltra, a la larga probablemente se seque.

En algunos casos, en una misma terma hay distintas surgencias, con distinta composición química o mineral, lo que le da especial valor a ese establecimiento. Como en el caso de las Termas de Rosario de la Frontera (Salta).

Existe por eso una gran diferencia entre las termas. Y si el propósito es visitar una terma con fines terapéuticos, conviene averiguar previamente cuales ofrecen mayores beneficios para una dolencia específica.

Como se puede observar, la función curativa, sanadora o terapéutica no es condición para que las aguas sean termales. De hecho, algunas aguas termales tienen pocas o ninguna propiedad terapéutica, más allá del efecto de bienestar o de relajación que las personas sienten luego de haber estado inmersos en agua caliente, como sucede en los spas.

Al elegir un lugar termal, es importante tener en cuenta la temperatura del agua, especialmente en invierno. Si el agua está a una temperatura inferior a la de una pileta climatizada (alrededor de 28 a 30 grados), es probable que sea menos agradable. La temperatura ideal que tiene que tener el agua termal (es algo muy personal) en general está entre los 30º C y los 42º C.  Por eso es recomendable averiguar, antes de planificar la visita a un sitio termal:

  • Cuál es la temperatura de la o de las piletas termales.
  • A qué temperatura surge el agua del suelo, o si eventualmente es calentada por otros medios.
  • Cuáles son los minerales que contiene o cuáles son las dolencias para las cuáles están recomendadas, si la finalidad de la visita es curativa o terapéutica.